El tomate que no sabe a tomate

Hoy vengo a contarles por qué un tomate es el logo de este proyecto en torno a la cocina eco-responsable.


Cuando llegué a Francia, pleno invierno en el hemisferio norte, me convencí de que los tomates aquí sabían horrible. Adiós ensaladitas de tomate, adiós a la salsita de mi mamá que sabía a gloria. Encontraba tomates paliduchos, sin sabor y con una textura horrenda. Dejé de reconocer su sabor, dejé de querer comerlos crudos con un poquito de sal o morder un tomate como si fuese una manzana. ¡Qué bajóooon!

Mi forma de comer, consumir, cocinar e incluso cómo hablo de comida ha cambiado mucho.
La migración sin duda ha tenido que ver: tener que aprender otras formas, vivir otros climas con otras temperaturas. Mi paso por la escuela de cocina y el trabajo en restaurantes también han influido muchísimo.

Un desvío lingüístico-gastronómico

El jitomate, como también le decimos en México, me parece un ejemplo maravilloso de migración, de evolución y enriquecimiento del lenguaje y de las cocinas.
Es un producto endémico de Mesoamérica y su nombre viene del náhuatl, una lengua originaria.
Ese mismo nombre, con sus adaptaciones fonéticas particulares, se usa en inglés ("tomato") y en francés ("tomate").
Los italianos lo llaman pomodoro: pomo (fruto/manzana) + doro (de oro/dorado). ¿No es hermoso?

Me emociona pensar cómo el tomate cambió la cocina de Francia e Italia. Sin tomate, ni ratatouille ni salsa para la pizza. ¡Noooooo!

Por qué el tomate ya no sabe como antes

Lo que ha sucedido con el tomate resume bien lo que ha pasado con otras frutas y verduras:

  1. Se cultivan en invernaderos con calefacción y luz artificial

  2. Se cosechan antes de madurar

  3. Recorren cientos o miles de kilómetros, muchas veces en transporte refrigerado

  4. Se seleccionan para resistir el transporte y las plagas, no para que sepan mejor

No es culpa del tomate, es el sistema

El modelo de producción industrial prioriza productividad y rentabilidad. Es un sistema que nos hace creer que está bien comer de todo durante todo el año y que está bien comer cosas que vienen del otro lado del planeta.

Y cuando se prioriza la disponibilidad, perdemos sabor, nutrientes, textura y conexión con la naturaleza. La biodiversidad también se ve afectada.

Y si no es culpa del tomate, tampoco es culpa nuestra.
Es muy difícil elegir cuando el sistema no facilita las alternativas.

Por eso el tomate es el símbolo de este espacio

Representa:

  1. La estacionalidad

  2. La biodiversidad

  3. El respeto por la naturaleza y por quienes trabajan en el campo

  4. Los productos locales

  5. Recuperar el placer de comer alimentos que saben a lo que son

Mi invitación

Hagamos preguntas. Preguntemos de dónde viene lo que comemos, quiénes lo producen y en qué condiciones. Si podemos permitírnoslo, vayamos a los mercados de nuestros barrios. Aprendamos cuáles son los productos de temporada de nuestra región y cocinemos en torno a ellos.

Recordemos que poder elegir es un privilegio, que cada contexto es distinto y que no siempre tenemos opciones accesibles.

Detrás de cada tomate paliducho y sin sabor hay un sistema que prioriza rentabilidad y productividad, no nuestra salud ni la del planeta.

Y a todo esto, ¿quién diseñó el logo?

Buena pregunta. Lo diseñó la artista mexicana Arelibélula, vayan a su perfil de instagram y síganla. Apoyemos proyectos bonitos, amables y con alma.

Silvia FLORES: Chef Eco-Responsable

Cocino para cuidarme y para cuidar el planeta.

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